¿Qué pasó con los 6.000 MW potenciales de Euskadi?

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El aumento de la inversión prevista en la red eléctrica vasca reabre una pregunta de fondo: cuánta capacidad necesita realmente la industria, qué parte exige nuevas infraestructuras y qué parte podría obtenerse aprovechando mejor la red existente.

El Gobierno Vasco anunció el 3 de septiembre un incremento de las inversiones de i-DE en Euskadi para 2027, que pasarán de los 110 millones inicialmente previstos a 143 millones de euros en refuerzo y digitalización de la red. Si se incorporan las inversiones en medida e instalaciones financiadas por clientes, superarán los 153 millones.

Se trata de una buena noticia, pero conviene puntualizar que inversión y capacidad disponible para la industria no son exactamente lo mismo. Una empresa que quiere electrificar su actividad necesita saber de cuántos MW podrá disponer, dónde, cuándo y en qué condiciones. Por eso, el anuncio debería permitir relacionar cada actuación con la capacidad adicional que proporcionará.

Una empresa no electrifica un proceso con una cifra de inversión.

El potencial pendiente

La pregunta no surge de la nada. En el debate sobre las necesidades eléctricas de Euskadi se había estimado un potencial de hasta 6.000 MW asociado al aprovechamiento de subestaciones existentes con capacidad y espacio para nuevas posiciones de conexión. El propio Plan de Industria Euskadi 2030 recoge como hito incorporar 6 GW de nueva capacidad para acceso y conexión.

Naturalmente, esto no significa que esos 6.000 MW estén disponibles para cualquier consumidor, ni que se encuentren donde la industria los necesita. Tampoco que puedan sustituir las inversiones anunciadas. Pero sí obliga a conocer qué parte de las necesidades puede atenderse aprovechando mejor lo construido y qué parte exige ampliarlo, teniendo en cuenta las condiciones técnicas de cada instalación.

Capacidad física y capacidad disponible

Porque una empresa puede no obtener la potencia solicitada sin que la red haya agotado físicamente su capacidad. En ella conviven los derechos de acceso concedidos, su utilización efectiva y los márgenes regulatorios de seguridad y crecimiento futuro. La tensión entre capacidad física, derechos asignados y uso real ya estaba presente en ¿Falta capacidad en las redes eléctricas o falta capacidad disponible?.

Capacidad no disponible y capacidad inexistente no son necesariamente la misma cosa.

El problema, además, es conocido. El Gobierno Vasco ha identificado 117 empresas industriales con necesidades urgentes de nueva capacidad y, al presentar en septiembre de 2025 el borrador de planificación del transporte 2025-2030, afirmó que las actuaciones previstas permitirían atenderlas. Si conocemos esas necesidades y su localización, deberíamos poder relacionarlas con las restricciones concretas y las actuaciones necesarias para resolverlas.

Una empresa no electrifica un proceso con una cifra de inversión
Una empresa necesita potencia disponible en un punto de la red y en un plazo compatible con su proyecto.

Qué aporta cada inversión

Llegados a este punto, importa precisar qué se obtiene de cada inversión. Reforzar la red, mejorar la calidad del suministro, digitalizar instalaciones o renovar activos puede ser necesario, pero no todo proporciona el mismo acceso adicional a la industria. También habrá que explicar cómo se complementan las actuaciones de transporte y distribución, sin confundir unas con otras.

Falta relacionar cada actuación con los MW que aportará y con su plazo real de disponibilidad.

Por lo demás, aprovechar mejor lo construido no es una idea especialmente heterodoxa. En 2020, el Real Decreto-ley 23/2020 y el posterior Real Decreto 1183/2020 incorporaron instrumentos para optimizar la capacidad de acceso, entre ellos la hibridación de instalaciones de generación renovable. Se trataba de obtener más servicio de las redes existentes y minimizar el coste para los consumidores.

Generación y demanda plantean problemas técnicos diferentes, y no se trata de trasladar automáticamente las mismas soluciones. Pero la diferencia de enfoque merece ser señalada: la capacidad se trató como un recurso que debía optimizarse para integrar renovables, mientras el debate sobre la demanda se concentra en administrar su escasez.

Los 143 millones pueden ser una buena noticia para la industria vasca. Para saber hasta qué punto, falta relacionarlos con los MW que aportará cada actuación y con su plazo de disponibilidad, distinguiendo qué exige nueva infraestructura y qué puede obtenerse aprovechando mejor la existente. Una empresa no electrifica un proceso con una cifra de inversión: necesita potencia en un punto de la red y en un plazo compatible con su proyecto.

Fuentes referenciadas

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