Globalización versus industria

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Guillermo Ulacia Arnaiz es licenciado en informática y, además, presidente de FEMETAL desde 2014 y de la Comisión de Industria y Energía de CEOE. Su trayectoria profesional se ha desarrollado en el ámbito industrial, concretamente en los sectores de siderurgia, automoción y energía. En este artículo nos recuerda los grandes retos a los que se enfrentaba nuestra economía ya antes de que la COVID-19 pusiera de relieve nuestros puntos más débiles. En ese sentido, pide firmeza en sus propuestas, tanto en su definición como en su ejecución.

 

Mis primeras palabras quiero que sean de agradecimiento al Grupo ASE por dejarme compartir en este ámbito una reflexión sobre la necesidad de emprender una nueva industrialización, que ahora resulta más acuciante iniciar, ante los graves impactos que la COVID-19 ha generado en nuestro tejido industrial.

Comenzamos el año 2020 con síntomas de un debilitamiento de la economía y del comercio mundial, provocado por las tensiones entre dos gigantes como USA y China. A ello se sumaba el abandono de Europa por parte del Reino Unido y otros focos singulares que estaban creando un escenario de verdadera incertidumbre.

A pesar de todo, este era un año que se presentaba en sus inicios tempranos cargado de retos y desafíos a nivel de país y de Europa también. Lo que no imaginábamos era que, en tan solo dos meses, nuestra industria se iba a ver seriamente amenazada y deteriorada, como consecuencia de una crisis sanitaria mundial devastadora a todos los niveles.

 

Retos preCOVID-19

Una crisis que también dejó al descubierto ciertas debilidades de nuestro tejido industrial. De forma súbita, un sector industrial que en España representa el 12% del PIB y da empleo a 2,73 millones de trabajadores, mostraba una industria manufacturera – la más abundante y representativa- que se dejaba en el camino 15 puntos del PMI (índice de gestores de compras).

Esto, según el Banco de España, se debe en un 30% a las dificultades para disponer de suministros para sus cadenas productivas, y en un 50% a la disminución de la demanda. Un país dañado por los cuatro costados que se encuentra de la noche a la mañana con 5,2 millones de personas dependientes de una prestación del Estado por desempleo, incluidas las personas afectadas por ERTE y los autónomos.

Aún no hemos salido de la pandemia, todavía hay contagios y en la retina siguen la más de 27.000 personas que han perdido la vida por el coronavirus. Son cifras que nos deben invitar a una reflexión profunda.

 

«Antes de la pandemia, 2020 ya se presentaba como un año cargado de retos y desafíos a nivel de país y también de Europa»

 

 

Necesidades urgentes

Nuestro país es rico en su capacidad industrial. Sin embargo, lo que antes era una leve vulnerabilidad generada por agentes externos, se ha mostrado como un escenario patente y real. Un tejido industrial con excesiva dependencia de la despensa del mundo, China; un entramado con empresa de pequeño tamaño, el 98% son pymes; una serie de rigideces que le impiden ponerse a la altura de muchos de sus competidores como Alemania o Francia, y una industria donde tan solo el 13,2% de las empresas pueden ser consideradas innovadoras.

Son datos, pero muy reales y gráficos, que muestran una urgente necesidad de abordar un pacto por la industria o una reindustrialización basada en el conocimiento y en la tecnología. Apostando desde el Gobierno de España por la innovación con políticas activas que incentiven la I+D para generar innovación. Porque como bien dijo su Majestad Felipe VI recientemente, “la innovación no es una opción, es una obligación”.

 

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Planificación industrial

Requerimos un plan industrial supranacional que apoye la producción propia y nos permita limitar la dependencia de otros países para que nuestras cadenas de valor no se rompan en el primer ataque que reciban. Centremos nuestros esfuerzos en fortalecer nuestra industria manufacturera y evitemos que la globalización se convierta en el peor enemigo de la industria.

Es el momento de buscar canales sólidos que nos permitan transferir el conocimiento y la investigación para aplicarla a nuestras industrias, y los clústeres pueden y deben jugar un papel determinante en este cometido, pues son aglutinadores de los diferentes agentes que intervienen en un proceso disruptivo e innovador.

Es necesario mejorar la política fiscal que permita a las empresas reinvertir sus beneficios para crear más empleo. Este escenario nos ofrece una inmejorable oportunidad para potenciar y fomentar una economía libre de carbono que implícitamente debe llevar pareja una protección de nuestros productos en frontera, frente aquellos que proceden de países que no respectan el medio ambiente en sus sistemas de producción.

 

«Fortalezcamos nuestra industria manufacturera y evitemos que la globalización se convierta en su peor enemigo»

 

 

Transición energética

Es el momento de empezar a buscar las oportunidades ante la adversidad. Es el momento de abordar una transición energética justa dirigida a prever y gestionar, con criterios de solidaridad, las consecuencias sobre aquellas comarcas y personas directamente vinculadas a tecnologías que se verán progresivamente desplazadas. Un proceso estratégico que debe ser neutro con la competitividad de la industria, protegiendo la sostenibilidad del tejido productivo, garantizando el suministro energético a precios competitivos.

En definitiva, una transformación que no destruya y deslocalice la riqueza industrial de nuestro país, sino que la proteja e impulse nuevas inversiones en eficiencia energética combinadas con consensos en materia de fiscalidad ambiental y compensaciones antidumping.

 

«Es momento de buscar oportunidades en la adversidad, de reflexionar, pero también de actuar rápido y con decisión»

 

 

El 2020 nos ha puesto a prueba con grandes desafíos, nuestro reto es hacerle frente buscando y sacando lo mejor de nuestro sistema productivo como así se ha visto ante la pandemia. Es tiempo de reflexionar, pero también de actuar rápido y con decisión.

Y tras la reflexión es el momento de despejar el horizonte y buscar las grandes oportunidades que nos puede ofrecer esta nueva recesión.

 

Guillermo Ulacia Arnaiz, presidente de FEMETAL

 

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