El 22 de abril de 2026, la Comisión Europea presentó el paquete AccelerateEU, que contempla medidas de alivio ante el aumento de los costes energéticos y la posibilidad de reducir cargas eléctricas para consumidores vulnerables e industria. La medida puede contribuir a reducir la factura eléctrica y merece una valoración positiva.
Pero la pregunta de fondo sigue abierta: ¿es este realmente el principal problema que afronta la industria europea?
Alivio fiscal, problema estructural
La electricidad se ha convertido en uno de los factores determinantes de la competitividad industrial. Sin embargo, reducir impuestos actúa sobre una parte del precio final, no sobre las causas que explican por qué producir en Europa resulta cada vez más difícil frente a otras economías.
Bajar impuestos puede aliviar la factura, pero no corrige por sí solo las causas que encarecen producir en Europa.
Entre esas causas aparecen los costes de operación del sistema, las restricciones técnicas, la falta de capacidad disponible, el diseño de los peajes y las señales regulatorias que reciben consumidores, generadores y titulares de derechos de acceso. La cuestión no es solo cómo bajamos la factura mañana, sino cómo conseguimos que el sistema eléctrico funcione mejor dentro de diez años.
No es una preocupación nueva. En febrero ya planteé, en Saturación y planificación de la red eléctrica, que la red podía convertirse en un cuello de botella estructural para la actividad económica. Y en junio volví sobre esa misma idea desde otro ángulo, el de la capacidad invisible del sistema eléctrico español: derechos ya asignados que pueden no corresponderse con una utilización física equivalente.

Cogeneración y servicios invisibles
Conviene introducir aquí una reflexión que Javier Rodríguez viene haciendo sobre la cogeneración industrial española. En sectores como el papel, la alimentación, la química o la cerámica, la cogeneración no solo produce electricidad y calor útil para los procesos industriales. También aporta control de tensión, potencia de cortocircuito, estabilidad local, soporte de red y generación distribuida próxima al consumo.
Ese valor no siempre aparece de forma explícita en el precio de mercado, pero sí influye en el funcionamiento real del sistema. Cuando se pierde o se debilita esa capacidad, el sistema necesita sustituirla por otros recursos, nuevas inversiones o una operación más exigente. Y esos costes acaban apareciendo, aunque no siempre donde se originan.
Por eso, el debate sobre la electricidad industrial no puede limitarse al nivel impositivo. También debe abordar qué servicios presta cada agente al sistema, cómo se retribuyen, qué costes evita y qué señales recibe para mantener o retirar capacidad útil.
Costes de sistema y señales mal repartidas
Durante los últimos años se han introducido reformas regulatorias parciales: cambios en periodos horarios, mecanismos de liquidación, señales de precio y ajustes en la estructura de costes. Todas esas medidas pueden ser relevantes, pero no resuelven por sí solas los problemas estructurales del sistema.
Entre ellos está la utilización eficiente de la potencia disponible, la liberación de capacidad administrativa no utilizada, la posibilidad de compartir infraestructuras eléctricas, la valoración de servicios prestados por los propios consumidores y la asignación de costes derivados de restricciones o necesidades de operación reforzada.
Si el objetivo es electrificar la economía, penalizar a quien electrifica sus procesos introduce una señal difícil de sostener.
Cuando los costes adicionales de una operación reforzada se trasladan principalmente a través del consumo en MWh, quienes más electrifican sus procesos acaban soportando una parte creciente del coste total. Esa señal resulta difícil de compatibilizar con una política industrial que aspira a sustituir combustibles fósiles por electricidad.
Algo parecido ocurre con las tarifas de acceso. La red es, en esencia, una infraestructura de capacidad. Sin embargo, una parte importante de las señales económicas sigue vinculada al consumo, no siempre al uso efectivo o a la reserva real de capacidad. Eso puede hacer que usuarios intensivos soporten más costes mientras otros mantienen capacidad contratada o reservada con baja utilización para no perder derechos.
Competitividad industrial a largo plazo
La industria no necesita únicamente electricidad más barata. Necesita un sistema eléctrico más eficiente, más flexible y más orientado a la actividad productiva y a la demanda predecible. La rebaja de impuestos puede ser útil como medida de alivio, pero no debería sustituir el debate de fondo.
Ese debate exige mirar a las causas: operación reforzada, restricciones técnicas, servicios complementarios, inversiones en red, tarifas de acceso y derechos de acometida. También exige preguntarse si el sistema está enviando señales coherentes a quienes consumen electricidad de forma estable, invierten en procesos industriales y contribuyen a sostener actividad productiva.
La competitividad industrial europea no se juega solo en el recibo eléctrico del próximo mes. Se juega en la arquitectura del sistema que determine quién invierte, quién mantiene capacidad útil, quién asume costes y qué tipo de demanda queremos preservar dentro de Europa.
Fuentes referenciadas
- Comisión Europea: AccelerateEU to strengthen EU energy resilience.
- Comisión Europea: Affordable Energy Action Plan.
- Perfil de Javier Rodríguez en LinkedIn.
- El Periódico de la Energía: La cogeneración pide al Congreso recuperar la medida para mantener más de 100 plantas y evitar nuevos cierres.
- Grupo ASE: Saturación y planificación de la red eléctrica.
- Grupo ASE: La capacidad invisible del sistema eléctrico español.

