La decisión de Stegra de desarrollar en Portugal un proyecto asociado al hidrógeno renovable vuelve a situar el foco en la red eléctrica. Pero antes de concluir que solo faltan infraestructuras, conviene preguntarse cuánta capacidad ya concedida permanece cautiva sin una utilización física equivalente.
La decisión de la empresa sueca Stegra de desarrollar en Portugal un proyecto asociado a la producción de hidrógeno renovable, tras descartar alternativas en España por dificultades de acceso a la red eléctrica, se ha interpretado como una nueva evidencia de la necesidad de reforzar las infraestructuras eléctricas nacionales. De nuevo, la conclusión parece sencilla: faltan redes.
Sin embargo, la noticia plantea una cuestión menos visible y posiblemente más relevante para el futuro industrial del país: ¿la capacidad eléctrica que figura como ocupada está siendo realmente utilizada?
Esta cuestión no aparece aislada. En febrero ya apunté que, cuando la red se convierte en cuello de botella, el problema deja de ser solo energético. Y, en la nota sobre la capacidad invisible del sistema eléctrico español, planteé una derivada concreta: derechos ya asignados que pueden no corresponderse con una utilización física equivalente.
El caso Stegra permite llevar esa reflexión a un terreno concreto. Si una inversión industrial no encuentra capacidad de acceso y conexión, la pérdida no se limita a una incidencia administrativa. La inversión se desplaza, el empleo industrial se crea fuera de España y la demanda eléctrica estable no llega a incorporarse al sistema nacional.
De la red insuficiente a la capacidad cautiva
¿La red eléctrica española está realmente llena o parte de su capacidad está ocupada desde el punto de vista administrativo? La diferencia entre ambas situaciones es decisiva.
Si el problema es físico, la respuesta pasa por construir nuevas infraestructuras. Si el problema es administrativo, la prioridad consiste en mejorar la utilización de las redes ya existentes. Es probable que la realidad contenga ambos elementos, pero conviene distinguirlos antes de diseñar soluciones.
España dispone de uno de los sistemas eléctricos con mayor capacidad de generación renovable de Europa. Al mismo tiempo, proyectos industriales de gran consumo energético encuentran dificultades crecientes para obtener capacidad de acceso y posibilidad efectiva de conexión.
Capacidad asignada no equivale a capacidad utilizada
Cuando se analiza la ocupación de la red suele asumirse que la capacidad asignada coincide con la capacidad efectivamente utilizada. No siempre tiene por qué ser así.
Un aparcamiento puede tener todas sus plazas reservadas y, al mismo tiempo, permanecer medio vacío si sus titulares no las utilizan. La red eléctrica no es idéntica a ese ejemplo, pero la lógica económica ayuda a entender el problema: un recurso escaso puede aparecer ocupado aunque su uso real sea inferior.
Existen derechos de acceso asociados a instalaciones que solo utilizan una parte de la capacidad asignada. También hay consumidores que mantienen potencias contratadas superiores a sus necesidades reales para preservar derechos de acometida adquiridos bajo marcos regulatorios anteriores a la Ley 24/2013, del Sector Eléctrico.
Desde el punto de vista administrativo, esa capacidad aparece ocupada. Desde el punto de vista físico, la realidad puede ser distinta: puede existir capacidad disponible que no puede reasignarse porque permanece reservada por otra instalación.
La capacidad cautiva deja de ser una cuestión técnica cuando expulsa inversión productiva.
El coste industrial de no reasignar
La capacidad ociosa cautiva administrativamente deja entonces de ser un problema técnico para convertirse en un problema de competitividad. La cuestión ya no es solo cuánta red falta, sino cuánta capacidad útil permanece inmovilizada dentro del sistema.

El efecto económico es relevante. Una inversión que no obtiene acceso a potencia firme en plazo compatible con su decisión industrial no suele esperar indefinidamente: busca otra ubicación. En sectores electrointensivos o vinculados al hidrógeno renovable, el acceso a la red forma parte de la decisión de inversión tanto como el precio de la energía o la disponibilidad de suelo.
Por eso, antes de responder únicamente con más infraestructura, convendría conocer qué parte de la capacidad concedida está realmente siendo utilizada y qué parte podría volver al sistema mediante mecanismos transparentes de reasignación.
La información que falta
Apenas existe información pública suficiente sobre variables relevantes: capacidad concedida frente a capacidad efectivamente utilizada, grado de uso de los permisos de acceso, potencia contratada frente a potencia realmente demandada, capacidad retenida por proyectos que finalmente no se desarrollan o distribución territorial de estas situaciones.
Sin esa información, la planificación de nuevas infraestructuras parte de una fotografía incompleta. Antes de construir más aparcamientos, convendría saber cuántas plazas reservadas permanecen vacías.
La noticia sobre Stegra no debería leerse solo como una llamada a construir más redes. También debería activar una pregunta previa: si España está perdiendo inversiones y demanda estable por falta de capacidad, ¿sabemos realmente cuánta capacidad de acceso concedida se está utilizando físicamente?
Antes de construir más red, conviene saber cuánta capacidad concedida permanece físicamente infrautilizada.
Determinar cuánta capacidad existe, cuánta está asignada, cuánta se utiliza y cuánta permanece cautiva por razones administrativas no resolverá por sí solo el problema de la red. Pero puede cambiar el orden de las preguntas.
Quizá el debate no consista únicamente en acelerar nuevas infraestructuras, sino también en movilizar mejor la capacidad ya concedida. La respuesta condicionará una parte relevante de la competitividad industrial española durante los próximos años.
En Bilbao, a 11 de junio de 2026.
Fuentes y antecedentes
- Cuando la red se convierte en el cuello de botella de la economía, el problema ya no es energético: es estructural, Grupo ASE, 9 de febrero de 2026.
- La capacidad invisible del sistema eléctrico español, Ramón López, Grupo ASE, 3 de junio de 2026.
- Ley 24/2013, de 26 de diciembre, del Sector Eléctrico.
- Real Decreto 1183/2020, de 29 de diciembre, de acceso y conexión a las redes de transporte y distribución de energía eléctrica.
- Real Decreto 1955/2000, de 1 de diciembre, sobre actividades de transporte, distribución, comercialización, suministro y procedimientos de autorización de instalaciones de energía eléctrica.

